Aunque progresivamente he ido dejando el metal -con todos sus prefijos y sufijos- bastante de lado para ir pasándome con la edad al indie y el garage rock, mi Baja Adolescencia -como la Edad Media, la adolescencia también se puede dividir en Alta y Baja. La Baja son los 16, 17, 18 y 19- estuvo marcada musicalmente por lo que se dió en llamar el Nu Metal, o sea, Korn y todos los grupos que surgieron como chinches a su rebufo a partir del ‘94 y que tuvo sus años de máximo esplendor entre el 98 y el 2001, grupos que durante esos años de tontolabismo se convirtieron casi exclusivamente en mi banda sonora personal.
En cuanto al comportamiento del buen adolescente nu-metalero, era indispensable sentirse incomprendido -porque sí- y consiguientemente cabreado -la verdad es que esto no supone ninguna novedad en cuanto a otras modas musicales, el grunge, sin ir más lejos iba más o menos de lo mismo- de ahí que escucharas música cantada a berridos. Gracias a esta actitud perfeccioné mi mueca de fastidio cada fin de semana que iba a cualquier sitio en el que no pusieran el tipo de música que me gustaba -lo que en la práctica eran todos los sitios, vaya-.
Luego, y como quiera que el nu metal tomaba prestados unos cuantos elementos estéticos del hip-hop, se imponía la ropa un par de tallas más grande -fue cuando empecé a ponerme cinturones, la verdad. Algo no ya positivo, sino necesario- y las camisetas negras, mínimo talla L, de grupos -yo todavía conservo mi querida camiseta de los Deftones, sin ir más lejos-. Y, sobretodo, había que fantasear con hacerse rastas. Yo quería hacerme rastas. Mis amigos querían hacerse rastas. Al final todos llegamos nada más que a dejarnos el pelo largo, que no era lo mismo pero era lo más que nos iban a dejar en nuestras casas.
Y por último y principalmente, estaba el conflictivo punto de las relaciones con el sexo opuesto. Las tías nu-metaleras eran prácticamente un mito, y, aunque al final los límites se ampliaban por defecto a dejadillas en general -Reincidentes, Boikot, Extremoduro, S.A.- la verdad es que tampoco es que de esas hubiera muchas más. Básicamente, tías, lo que se dice tías, las justas -lo cual ayudaba bastante a lo de sentirse cabreado.- Este gran fallo que seguramente propició el declive del Nu Metal ha sido posteriormente corregido por buenas gentes como los emo, que tienen versión masculina y femenina -chicos listos- porque una cosa es de ir de incomprendido y otra muy diferente no comerte una rosca.
Sin más, os dejo con mi pequeña selección de grupos de la época:
- Korn: Korn era el grupo favorito de todo el mundo. Podían empatar en el primer lugar con algún otro, pero vamos, oír nu metal y decir que no te gustaba Korn era incompatible. Aunque efectivamente no te gustaran, no podías decirlo en voz alta. Creo que tengo 6 discos originales de esta gente.
- Deftones: Estos sí eran mi grupo favorito de la época. Los Deftones eran lo más próximo a Nu Metal para muchachos sensibles, aunque las letras eran imposibles de entender -aunque esto común a prácticamente todos-. También tengo unos cuantos discos originales, y son casi los únicos que no me importa oír ahora.
- Limp Bizkit: Nunca me gustó demasiado Limp Bizkit, la verdad, no me va mucho la mezcla esa con pseudo hip-hop y Fred Durst le cae mal a casi todo el mundo, pero bueno, ¿que puedes esperar de unos metaleros que hacen una versión de George Michael?
- Kittie: Kittie era un grupo de nu metal formado por mujeres, con lo cual, automáticamente nos parecía que estaban buenas y todo. En serio.
- Slipknot, Ill Niño, Soulfly: O de cuando el nu metal se convirtió directamente en una competición a ver quién pegaba más berridos. Gracias a Slipknot descubrimos que había algo aún mejor -y aún más imposible para nosotros- que llevar rastas; llevar un mono de trabajo rojo y una máscara acojonante como Corey Taylor o Joey Jordison.
- Incubus: En realidad Incubus no era exactamente -ni aproximadamente- Nu metal, pero se consideraba que eran a lo más que iba a llegar una tía que no oyera ese tipo de música. Ya más de eso era fantasear. Aparte, eran lo suficientemente buenos como para llegar a un público más amplio, y yo tuve una época en la que regalaba el “Make Yourself” para los cumpleaños de amigas -o potenciales amigas o potenciales otra cosa- porque era y sigue siendo un disco francamente bueno -vamos, de hecho es lo que estoy oyendo mientras escribo el post-. Además, Brandon Boyd era guapo guapo y todos lo envidiábamos mortalmente.