Posteado por: TCTR | marzo 2, 2016

Fascistas del futuro pasado

¿Cómo se llamarán a sí mismos los fascistas del futuro? Esta recurrente cuestión de permanente actualidad encuentra distintas respuestas según el destinatario. “Los fascistas del futuro se llamarán a sí mismos antifascistas” defienden unos. “Los fascistas del futuro se llamarán a sí mismos fascistas, joder, son fascistas, cómo quieres que se llamen” postulan otros. “Los fascistas del futuro se referirán a sí mismos en tercera persona, en un bucle infinito de autoreferencia fascista” defienden aquellos con querencia por el escaqueo.

Ninguna de estas posturas puede considerarse verdadera, porque todas parten de la cosmovisión particular de los individuos preguntados y expresan, pues, más un desiderátum que una verdad objetiva sobre cómo se llamarán a sí mismos los fascistas del futuro. No se responde realmente a cómo se llamarán a sí mismos, sólo como nos gustaría pensar que lo harán.

Bien, inspirado por la continua búsqueda de la verdad y el amor por la fría razón pura que me llevó años ha a abrir este humilde blog me propongo, mediante la aplicación de avanzadas técnicas lógico-deductivas a desvelar, al fin, cómo se llamarán a sí mismos los fascistas del futuro.

Comencemos.

Es preciso  imaginar, en primer lugar, a dos conjuntos ideales y representativos de fascistas, uno del presente (siglo XXI) y otro del futuro (pongamos que, por pura sonoridad, del siglo XXIII). Sólo hay una manera de que los fascistas del presente puedan llegar a conocer cómo se llaman a sí mismos los fascistas del futuro y esta no puede ser otra que preguntándoles. Y para ello sólo caben dos alternativas:

1- Bien viajando en el tiempo hasta su presente, el siglo XXIII. En este caso, los fascistas del futuro se llamarán a sí mismos fascistas del presente, porque para eso los fascistas del presente (nuestro) están allí de visita. Esta posibilidad si bien soluciona la cuestión principal acerca de cómo se llamarán a sí mismos los fascistas del futuro (“fascistas del presente”) provoca el efecto indeseado de que los fascistas del futuro tengan que preguntarse cómo se llaman a sí mismos los fascistas del pasado (nuestro presente), que por educación se deberán referir a sí mismos, a efectos identificativos, como “fascistas del pasado”.

Es posible, también, considerar la siguiente alternativa:  que todos sean extremadamente educados  y se refieran al otro grupo como “fascistas del presente”, por deferencia y para que nadie se sienta desplazado temporalmente. Para solucionar la confusión que sin duda aparecerá en algún momento debe surgir una subdivisión terminológica entre fascistas del presente-pasado y fascistas del presente-futuro, siendo todos ellos fascistas del presente-presente (en el futuro).

Por lo tanto, en este escenario, los fascistas del futuro se llamarán a sí mismos de tres formas:

a) Fascistas del presente, cuando estén ellos solos.

b) Fascistas del futuro, en un primer contacto, para aclarar por cortesía a los fascistas que viajan en el tiempo al siglo XXIII que, efectivamente, ellos son los fascistas de ese momento concreto de la Historia que los viajeros consideran el futuro.

c) Fascistas del presente-futuro, como solución de concordia superado ese primer contacto intertemporal, siempre que estén en presencia de los fascistas del pasado (para ellos, presente para nosotros), pues en caso contrario se aplicaría la letra a) anterior.

Esta solución, si bien tiene una innegablemente sólida coherencia interna, presenta no obstante un serio inconveniente que me provoca rechazo: requiere que los fascistas del presente (siglo XXI) posean la tecnología para desplazarse en el tiempo al futuro, lo cual choca frontalmente con el estado actual de la ciencia. Es por esto que me inclino a considerar como más satisfactorio el escenario 2 que paso a explicar.

2 – Partimos de presuponer que en el siglo XXIII la tecnología ha alcanzado el grado de desarrollo suficiente para permitir los viajes temporales (fascistas o de los normales) y los fascistas del futuro vienen al siglo XXI de visita para aclarar definitivamente cómo se llaman a sí mismos. Si, por el contrario los fascistas del futuro (nuestro futuro) decidieran viajar al futuro (su futuro) porque resulta que sólo pueden especular acerca de cómo se llamarán a sí mismos los fascistas del futuro (su futuro y también el nuestro, pero más lejos) nos encontraríamos de nuevo en el escenario 1, que en este caso sí tendría plena validez y utilidad.

El caso, los fascistas del futuro vienen de visita. ¿Cómo se llaman a sí mismos? Pues de nuevo nos encontramos con diversas posibilidades derivadas de la amabilidad (que se supone porque a todos los sitios llegas más rápido siendo amable) y la compañía.

a) De nuevo, fascistas del presente, cuando estén ellos solos.

b) De nuevo también, fascistas del futuro en un primer contacto con nuestros sorprendidos fascistas autóctonos, para aclarar que son viajeros temporales (fascistas) del siglo XXIII.

c) La solución de concordia, una vez superada el primer e incómodo contacto, varía en este escenario. Una vez más, por deferencia y buenas maneras, todos deben considerarse fascistas del presente. La subdivisión en este caso variará al obligar los códigos de protocolo a considerar a los fascistas del presente (nuestro) como fascistas del presente-presente, porque los fascistas del futuro son en este caso los invitados, considerándose a su vez a los fascistas del futuro como fascistas del presente-futuro.

¿Pero y si los fascistas del futuro, después de viajar al pasado (nuestro presente) a conocer a los fascistas del presente (su pasado) deciden llevárselos, de nuevo por cortesía y buenos modales, a conocer a los fascistas del pasado (del pasado de todos, pero de unos más que de otros)?

Tal posibilidad, definitivamente plausible porque todos son coleguis del totalitarismo y enemigos de la humanidad, necesita para su esclarecimiento la aplicación de las reglas que rigen el escenario 2, teniendo en cuenta lo siguiente:

a) Que, como hemos dicho, las atemporales normas de politesse obligan a que todos, una vez hechas las pertinentes presentaciones de rigor, se refieran al conjunto como “fascistas del presente”.

b) Que todos los que se desplazan en el tiempo son fascistas del futuro, con lo cual la subdivisión que a efectos puramente nominales se deberá establecer entre estos tiene que ser entre fascistas del presente-futuro-pasado y fascistas del presente-futuro-futuro.

c) Que los fascistas del pasado (nuestro y de los fascistas del futuro) acabarán refiriéndose a sí mismos como “fascistas del presente-pasado”, porque fascistas del futuro hay más y por muy buenos modales que tengan la tendencia natural con los fascistas es imponer ideas totalitarias por la fuerza física y de los números. ASÍ QUE ESTO ES EL PUTO PASADO PORQUE LO DECIMOS NOSOTROS, QUE PARA ESO VENIMOS DEL FUTURO, ¿VALE?

Creo que con esto ha quedado suficientemente aclarada la cuestión de cómo se llamarán a sí mismos los fascistas del futuro, siempre considerando el tiempo desde un punto de vista subjetivo y linear.

Como una vez bien explicada, la cuestión no presentaba mayores dificultades para la mente inquisitiva, os dejo queridos lectores con posibilidades que sí se prestan a la salvaje especulación intelectual como entretenimiento encefálico.

Por lo tanto, ¿cómo se llamarán a sí mismos los fascistas del futuro si…

… en el futuro los fascistas forman una conciencia colectiva y gregaria?

… en el futuro la Humanidad se ha extinguido por la rebelión de los robots?

… en el futuro, continuando la tendencia actual que prima lo pictórico sobre lo fonético, el lenguaje ha sido sustituido enteramente por emojis?

 

Posteado por: TCTR | marzo 9, 2015

Ceci n’est pas une relación laboral.

Ayer alguien en twitter enlazó esta entrada, coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer y mi reacción ante la misma fue lo suficientemente intensa como para que haya decidido dedicarle yo una propia:

http://www.adiciones.es/2015/03/09/las-10-cosas-que-he-podido-aprender-y-que-considero-basicas-despues-de-10-anos-de-carrera-profesional/

Algunas afirmaciones me causaron sorpresa, otras bochorno, otras un cabreo considerable y otras simplemente me dieron material para reírme de ellas.

Antes de entrar en materia, quiero aclarar que mi intención es centrarme en los “consejos” que entiendo pueden servir indistintamente para ambos sexos, aunque toda la pieza va dirigida a las mujeres. Sobre los otros (esos puntos 6 y 7…) he preferido abstenerme de opinar, porque me da la sensación de que resultaría un tanto pretencioso por mi parte.

A todas las “ninis” y estudiantes universitarias. A todas las aspirantes a futuras celebrantes del DIA DE LA MUJER TRABAJADORA, de una mujer trabajadora.

Una precisión: juraría que el 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer, sin más adjetivos. Es decir, el objeto de la conmemoración sería buscar la concienciación general acerca de los problemas que afrontan las mujeres en el mundo por el hecho de ser mujeres y la lucha por la igualdad entre sexos, no limitándose únicamente a los específicos de la mujer en el ámbito laboral (importantes, qué duda cabe). El hecho de emperrarse en utilizar la denominación anterior (y en mayúsculas, además) me parece una elección francamente cuestionable que sólo puedo atribuir a una posición ideológica de la autora.

Personalmente creo que el término “mujer trabajadora” es matizable, hay muchas mujeres trabajadoras, pero diría que hay dos grupos diferenciados: las que trabajan por necesidad -con gusto o sin él- y las que trabajan por pasión, por vocación no solo a una profesión, sino al trabajo en sí.

A ver, no, no es matizable. Trabajador por cuenta ajena es el que realiza una actividad voluntariamente por cuenta y dentro del ámbito de organización de otro, el empresario, a cambio de una remuneración. Para una vez que la doctrina es unánime no vengamos a joder.

Me parece fascinante la división entre trabajadores por necesidad –hilando aún más fino, entre por necesidad pero con gusto y por necesidad sin gusto. No aclara si el gusto es constante, intermitente, perenne o de hoja caduca, lamentablemente- y trabajo por pasión/vocación, parece que dando a entender, en el segundo caso, que el hecho de que te paguen por tu trabajo es un elemento accesorio, ciertamente agradable pero en ningún caso esencial, de que vayas a un sitio un determinado número de horas al día a realizar una actividad productiva cuyos beneficios van dirigidos a otra persona. Desligar la prestación de trabajo (el trabajo en sentido físico, la actividad material, como gustéis en llamarlo) de la contrapartida que es el salario me parece una actitud profundamente perniciosa y que no tendría cabida, por ejemplo, si se tratara de desligarlo de la voluntariedad, por ejemplo. La “vocación” puede ser un elemento que te lleve a elegir un sector de la actividad sobre otros, un criterio para valorar ventajas e inconvenientes de un puesto de trabajo, pero no es un elemento fundamental del mismo. Si mañana tu empleador te dijera que va a dejar de pagarte (para siempre y todo el salario) pero el resto de elementos van a seguir exactamente iguales (la obligatoriedad de prestar el trabajo en el mismo horario y jornada) lo mandas a la mierda. Tú y todos.

Ya para dar la trecha directamente es la última referencia a trabajar por la pasión por el trabajo. Tócatelos con el ars gratia artis. ¿Qué diablos es trabajar por vocación al trabajo exactamente? ¿Que para ti es lo mismo dar clase de inglés que lijar sillas que subir una roca por la ladera de una montaña hasta que caiga por el otro lado y volver a repetir una y otra y otra vez? Y todo esto, recordemos, sin cobrar, porque entonces sería complicado trazar la línea entre qué parte realizas por vocación al trabajo y qué parte realizas por el vil metal.

En cualquier caso hoy quiero pensar en todas aquellas “ninis” y estudiantes que aspiran a ser mujeres trabajadoras, de cualquier tipo.

“Nini” es un término peyorativo, que nace para referirse a alguien que ni estudia ni trabaja (y atención, lo importante del término y su razón de ser) ni tiene la más mínima voluntad o inquietud de hacerlo. Por lo tanto, en este caso “una nini que aspira a ser mujer trabajadora” es una contradicción. Se es nini porque precisamente no se aspira.

A lo mejor esta apreciación sea mucho esperar en alguien que no encuentra nada contradictorio conceptualmente “trabajar gratis”. Ninis con aspiraciones, pues.

1. La sociedad, el estado o el jefe, nadie, os debe nada.

El concepto “deuda” está intrínsecamente relacionado con la exigibilidad de la misma. Una deuda que no es exigible de alguna forma no es tal. Distinta es la intensidad en que se manifiesta esa exigencia (las deudas morales no conllevan embargo y ejecución de tus bienes por parte de tu conciencia).

Si ni el estado ni el empleador os debe nada ¿cómo es que vosotros sí que les debéis bastante a ellos? ¿Acaso sois andaluces, que todo el mundo sabe que están exentos de pagar impuestos? ¿Son vuestra jornada laboral y vuestro horario unas directrices, como el Código de los Piratas?

Como supongo que no es así, hay que tener claro que las obligaciones tienen un origen. En el caso del Estado, las leyes (en sentido amplio). En el caso de la relación laboral, la voluntad de las partes manifestada en el contrato, el convenio colectivo y la ley (el que mencione los usos y costumbres se lleva un guantazo). Y del mismo modo que ni el pago de impuestos ni las horas que echéis a la semana en vuestro puesto son un regalo al Estado o al empleador por ser tan estupendos, la prestación de servicios públicos y la remuneración pactada (entre otras muchas cosas) son una graciosa liberalidad por parte de estos.

Así pues, la autora o no entiende bien el concepto de deuda o no entiende bien el concepto de nada.

3. El trabajo llega trabajando. Yo comencé trabajando gratis, económicamente hablando. No es solo una forma de adquirir formación que no adquirirás en las aulas, es la mejor manera de hacer networking.

A vueltas con lo mismo. No existe un “trabajo gratis, económicamente hablando”. No digo que la autora no estuviera realizando una actividad, digo que si los frutos económicos de esa actividad aprovechan al empresario está obligado a pagarte por ello Y ENTONCES PODEMOS HABLAR DE “TRABAJO”. Hasta entonces podemos hablar de otra cosa, usted elige el nombre, pero no de trabajo.

¿Pero y si la formación que recibes tiene EXACTAMENTE el mismo valor que la prestación que realizas? ¿Podríamos hablar entonces de un tipo de pago en especie en la que se intercambia la prestación de servicios por la formación? Podríamos, por el puro placer de discutir, pero entonces no estaríamos ante un “trabajo gratis, económicamente hablando”, sino de que te pagan en formación lo mismo que te podrían pagar en cacahuetes porque pienses que la economía basada en el cacahuete está al caer y eres el único que lo ha visto venir. Que tampoco está permitido, ya que hablamos de ello, porque el salario en especie no puede superar el 30%, pero eh.

Por lo tanto no hay un trabajo gratis. Hay un trabajo que aprovecha al empresario, con un valor económico determinado y hay una formación impartida, que aprovecha al trabajador, con un valor igualmente determinado. Y podéis estar seguros que si el valor de la segunda superara a la primera os tocaría compensar la diferencia.

4. No se trata sólo de hacer un buen trabajo, se trata de hacerlo bien.

Creía que en “hacer un buen trabajo” va incluido necesariamente “hacerlo bien”. A lo mejor la autora está pensando en algún ejemplo teórico en plan “Dado un periodo infinito de tiempo, un montón de monos en máquinas de escribir acabarían escribiendo El Quijote, siempre que consideremos que tanto los monos como la tinta son igualmente infinitos”.

5. No hablo de como deberían de ser las cosas, hablo de como son.

Bien, esto no me lo puedo saltar, aunque sea de una forma más general y sin referirme al ejemplo concreto sobre la importancia de la apariencia de la mujer.

En mi modesta opinión, en pocos supuestos se puede separar qué son las cosas y cómo deberían ser sin adoptar con ello un posicionamiento ideológico (puedo aceptar que inconsciente, incluso). Y me estoy refiriendo a las montañas, principalmente. Considerar que ojalá las montañas fueran más susceptibles al cambio y al desplazamiento, y que no vendría mal que en vez de acabar en pico fueran totalmente cilíndricas apenas afecta al hecho de la montaña en sí.

En un caso opuesto, un poner como otro cualquiera: el origen divino del poder de los reyes. Aquí algunos podrían defender que la consideración coincidente de cómo deberían ser las cosas por parte de un número suficiente de personas puede llegar a variar un hecho en su momento contrastadísimo como es el origen divino del poder del rey. Incluso del mismo origen o conveniencia del poder del rey. Y hasta de la propia cabeza del rey y su unión al resto del cuerpo.

O sea, que en la medida de lo posible evitad referiros al contexto social o económico actual como el que describe el azul del cielo.

10. Tu primer trabajo no será el trabajo de tus sueños. Al principio, cualquier trabajo vale. Recuerdo que en segundo de carrera mis padres compraron un restaurante, nunca había servido mesas o limpiado cocinas industriales, pero ese año me pase gran parte del verano y los fines de semana limpiando y sirviendo. Estaba convencida de que no era el trabajo de mi vida, y tenía razón pero ese verano desarrolle mis aptitudes para el trato con el cliente, la paciencia, a trabajar en equipo, bajo estrés y en un entorno hostil. Ni más ni menos.

Claro ejemplo de la “Doctrina Botín”.

Siendo generosos, este es un consejo ligeramente mejor que “trabaja gratis”. No siéndolo, vaya puta mierda de consejo, también.

Que oye, aquí nadie dice que ayudar a tus padres en su nueva aventura hostelera no sea loable, ojo, pero casi daría por sentado que las facilidades de conciliación de la vida académica y profesional que le ofrecieron sus padres fueron notablemente mejores que las que podría haberle ofrecido cualquier otro empresario hostelero. Al fin y al cabo aparte del salario, que espero que le pagasen PORQUE EN CASO CONTRARIO NO ES TRABAJO, sus padres se estarían haciendo cargo a su vez, al menos en parte, de los gastos de la carrera y la manutención.

Como siempre, la utilización de los trabajos familiares, que salvo prueba en contrario no se consideran relación laboral (vaya, que tus padres te den de alta), constituye un recurso un tanto controvertido a la hora de dar lecciones sobre la experiencia laboral. Y en cualquier caso, pocos empleadores vas a encontrar más atentos a las necesidades y derechos del trabajador que tus padres, supongo. Espero. A lo mejor sus padres son unos monstruos y a eso se refiere con “un entorno hostil. Ni más ni menos“.

11. Al cual por cierto conocí un día que estaba trabajando gratis. Desde ese día no he estado más que un mes en paro en 10 años.

Y dale. Habría sido igual de exacto terminológicamente decir que lo había conocido mientras nadaba por el cielo. Igual de exacto pero más bonito. Haber dicho “haciendo cosas gratis”. O “paseando”. O “siendo explotada por una interpretación cada vez más ponzoñosa del capitalismo y la meritocracia que sólo favorece una creciente desigualdad entre clases al ir restringiendo el acceso a determinadas profesiones a quienes puedan prescindir de la remuneración como medio fundamental de vida durante los primeros años”. O “Abajo la casta, arriba Sagasta, vota censitario”.

Aparte, ¿durante ese único mes en el que estuvo en paro (ni siquiera trabajando en el restaurante familiar, claro, CON ESOS MONSTRUOS), habría consentido la autora que se refirieran a ella como “nini”? ¿Estudiaba? NO ¿Trabajaba? NO. NINI.

12 (1). Así que mi último gran consejo (2), para vosotras “ninis” es que os levantéis del sofá (3) y echéis currículo hasta para servir mesas(4). Tal vez a estas alturas ya hayáis descubierto que no sois demasiado buenas para ningún trabajo, pero si no os habéis dado cuenta(5), dedicarle (6) algo de tiempo a la idea.   Es cierto que en todo hay un componente de suerte. Curiosamente cuanto más “te lo trabajas” (7) más suerte tienes.

La traca final, con esto me despido:

  1. ¿Pero no eran 10?
  2. Desde luego es un gran consejo, en el sentido de que es una puta mierda de consejo aún mayor que las anteriores.
  3. Otra vez. Si son ninis de verdad, de pura cepa, no se van a levantar del sofá. Si son simplemente desempleadas sin más connotaciones que sugieran vagancia, no hace falta que les digas que se levanten del sofá. NO ESTÁS HABLANDO CON NADIE REAL.
  4. Si es en el restaurante recién comprado de vuestros padres, mejor que mejor.
  5. ¿De qué trabajo estará hablando? ¿Del de la pasión o del que simplemente te pagan?
  6. DEDICADLE. La mayoría ponemos las comas un poco al buen tuntún, la verdad. Las tildes hay que aspirar a ponerlas todas, pero mira, alguna se cuela. Pero los imperativos son como el Salario Mínimo Interprofesional en su función de suelo de la contratación: INNEGOCIABLES.
  7. No entiendo por qué pone las comillas en “te lo trabajas”.
Posteado por: TCTR | septiembre 18, 2014

En mi episodio favorito de CSI (favorito porque creo que es el único que recuerdo razonablemente bien, entiéndase), un tío mata a otro haciéndole tragar letras del Scrabble.

Venían de enfrentarse en un torneo y el a la postre muerto había ganado mediante una artimaña realmente rastrera: Usar una palabra inventada pero de apariencia real, esperar a que el otro le añadiera una “s” para ponerla en plural y denunciarlo a los jueces del torneo por usar una palabra inexistente en el diccionario. El descalificado seguía poco después al a todas luces injusto ganador al baño y le hacía tragar una a una todas las letras de la palabra en cuestión, hasta atragantarlo.

Recuerdo ponerme inmediatamente del lado del asesino y contra la víctima, apreciando especialmente lo poético de la forma de cometer el homicidio: Te vas a tragar las letritas de tu puta palabra inventada, por gilipollas. Esto te pasa por ir de listo jugando al Scrabble.

Tras un breve momento de introspección decidí que semejante simpatía natural por un criminal, aun ficticio, debía nacer de un lugar de mi mente muy próximo al que almacena mi postura vital sobre los ajedrecistas que hayan hecho alguna vez, sinceramente, la tan manida comparación entre el ajedrez y la batalla: Se merecen una buena hostia. En la batalla hay hostias, ¿no? Pues te llevas ésta y luego comparas. Siempre he pensado que esta postura vital, de haber sido generalizada a lo largo de la historia, le habría ahorrado a la humanidad una gran cantidad de iluminados caudillos, generales y emperadores aficionados al ajedrez y a enviar a la muerte a un par de miles de soldados por batalla.

Todo esto viene a cuento de que la misma área cerebral o una muy próxima ha debido activarse al ver este instructivo intercambio de pareceres entre Kiko Rivera, ocupación sus labores, y el conocido abogado David Bravo, en el que, un poco para mi asombro, mi simpatía va con el señor Rivera, qué cojones.

Porque si vas a recurrir a algo tan preadolescente y atávico como mentarle a la madre a alguien que no sea con un ji ji tu mamá defrauda impuestos.  Si vas a andar ese camino no vayas con tu fina ironía y tu sarcasmo y tu mira que inteligente soy cómo le doy la vuelta a la tortilla. Vas como Kiko Rivera, te cagas en la puta madre del otro, sin rodeos ni artificios y te quedas tan a gusto. Sencillo y directo, resaltando el mensaje. Y porque es twitter, que en la calle te llevas una hostia.

Me ha encantado, de verdad lo digo, y desde aquí rompo una lanza a favor de Kiko Rivera, pura esencia adolescente que todos llevamos dentro debajo de más o menos capas de post-ironía, cinismo y verbo florido.

Por último, para darle un toque más elevado a todo lo anterior voy a echar mano de Tirso de Molina, al que espero que el señor Rivera conozca siendo como es él una encarnación del espíritu que inspira la cita:

El hierro es vizcaíno, que os encargo, corto en palabras pero en obras largo.

Y tu puta madre, también.

Posteado por: TCTR | diciembre 23, 2013

Tú eras de los nuestros, Alex.

El otro día, viendo este vídeo de uno de su últimos conciertos, no me quedó más remedio que reconocerlo con todo el dolor de mi corazón: Ya no soporto a Alex Turner. Es que no puedo ni verlo. Ni en HD ni en normal.

Y no tiene nada que ver con el último disco de los Arctic Monkeys, el cual, sin volverme loco, sí que me gusta bastante más que los dos anteriores y que incluye cancionzacas como “Why’d you only call me when you’re high” o “Knee Socks” (en la que colabora Josh Homme, o sea, respeto) y que encima incluye una colaboración con mi admirado Bill Ryder-Jones, el antiguo guitarrista de The Coral (o sea, respeto eterno e ilimitado).

No, no son las canciones. Las canciones están bien. Tampoco son las letras de esas canciones, que al fin y al cabo son las más fácilmente comprensibles desde el primer disco.

El problema son las maneras, esos ademanes de rock star en el peor sentido del término, de Elvis redivivo, de chuloputas engominado que ahora se gasta. Ese movimiento lascivo de cadera. Ese dedo índice que sirve para señalar lo mismo el infinito que la dirección por la que queda el catre.

¿Y por qué me molesta esta transformación, os preguntaréis, más que en ningún otro músico que conozca? Porque Alex era de los nuestros. Porque ningún disco de este siglo XXI recoge tan bien lo que significa ser un jovenzuelo normalucho de una ciudad pequeña de provincias como el “Whatever people think…” de los Arctic Monkeys.

A ver, The Strokes eran neoyorkinos cosmopolitas y ricos y se conocieron en un colegio privado. Podrían gustarte (joder, a mí me gustaban y a alguno de mis amigos mucho más que a mí), podías intentar copiar las pintas, los pantalones estrechos y rotos, las zapatillas sucias, los pelos desgreñados en el punto exacto, pero en tu interior sabías nunca serías como ellos. Te faltaba clase suficiente como para fingir que no tenías clase alguna. Porque habías mamado escuela pública en todo su glorioso esplendor, porque a tus amigos los conociste en una clase masificada y en la que hacía demasiado calor en verano, demasiado frío en invierno y demasiado olor en cualquier época y porque tu padre era profesor de Instituto, no Albert Hammond.

The Kooks, por otro lado, y concretamente Luke Pritchard, tenía pinta de ligar considerablemente más que tú. Incluso en una canción estándar de “qué putada que me han dejado” como “Naive” parecía más que se estaba quejando de vicio o para colarle el cuento a otra que pasaba por allí. Te podían gustar The Kooks (yo no pasé de meterme en el iPod más de 4 canciones o así, pero mi amigo David en su época dio bastante la brasa con ellos), pero no podías dejar de recelar de ese tío con pelo rizado y dientes ligeramente torcidos que seguro que llegaba con la guitarrita cuando estábais sentados en un parque, tocaba 4 acordes y se llevaba a las tías de calle.

¿Y The Libertines, por ejemplo?. Mira, que Pete Doherty era un pedazo de yonki era algo que se veía venir ya en el “Up the bracket”. Luego ya se destapó como yonki de manual, de darle 2€ preventivos incluso antes de que abra la boca para pedirte un cigarro. Lo dicho, a mí me gustaban The Libertines pero ni de coña me identificaba con o aspiraba a ser como Pete Doherty, con esa palidez que parece que acaba justo de echar la pota y ese cabezón.

Pero con los Arctic sentías rápido que Sheffield debe parecerse a Córdoba, porque esas letras podríais haberlas escrito tus amigos y tú en cualquier punto de vuestras vidas entre los 16 y los 21. Bueno, quizás escribirlas, en puridad, no, porque ni tus amigos ni tú teníais talento. Pero que os habían pasado gran parte de las cosas que decían esas canciones, joder, eso seguro.

Porque cuántos de vosotros no habíais aprendido el estoicismo por la vía dura y habíais tenido que aceptar que al fin y al cabo there’s always somebody taller, with more of a wit. And he’s equipped to enthrall her, and her friends think he’s fitY a cuántos vuestro recién estrenado estoicismo no os había evitado que vuestra imaginación decidiera torturaros durante un buen tiempo después cuando ya no sabíais  what she’s up to; you can only assume, If she’s not out front of the shops then they’ve gone to his room. She’s gone round in her school stuff – I bet thats what he likes -. I know you thought she was different and you thought she was nice. O aún peor, cuando ya no era vuestra imaginación la que os martirizaba e íbais preguntando a cualquiera que quisiera escucharos have you heard what she’s been doing? Never did it for me.

Y a cuántos, un sábado cualquiera, no os habían echado atrás en la vuestra discoteca exageradamente pretenciosa para lo que era vuestra ciudad ese par de porteros simiescos and one of ‘em’s alright, the other one’s the scary one. His way or no way, totalitarian. And he’s got no time for you looking or breathing how he don’t want you to. O una vez dentro, o bien os habíais pasado de inspirados y atrevidos cuando, avanzada la noche, habías decidido que era el momento perfecto para pour your heart out around three o’clock, when the 2 for 1’s undone the writer’s block vía sms o bien os habíais quedado miserablemente cortos en ese momento crucial en el que my heartbeat’s at its peak, when you’re coming up to speak. Well I’m so tense and never tenser. Well I’ll go a bit Frank Spencer. And I’m talking  gibberish, tip of the tongue but I can’t deliver it properly. Oh, it’s all getting on top of me and if it weren’t this dark you’d see how red my face has gone.

Por no hablar de esa sensación de absoluta falta de pertenencia y esa fascinación que siempre han tenido las niñas pijas que bastantes os habíais podido encontrar en la típica fiesta a la que no sabíais cómo diablos se les ha ocurrido invitaros, porque parecía que todo el mundo estaba en un par de escalones socioeconómicos por encima de vosotros, que eráis los primeros en reconocer lo evidente: Well, I never came from no ghetto, but it wasn’t nowhere near here. Aún así, qué diablos, well-spoken girls in stillettos aren’t something to fear. 

El caso, que todos teníais en mente a alguna chica de vuestra clase, de la biblioteca o del supermercado a la que estábais deseando encontraros el sábado por la noche porque seguro que tenía una pinta estupenda en la pista de baile. Chica a la que sólo ocasionalmente te encontrabas y sábados que, por otra parte, nunca acababan siendo gran cosa porque anticipation has the habit to set you up for disappointment in evening entertainment. Pero en fin, como la esperanza es lo último que se pierde y lo primero que se recupera al sábado siguiente, seguro que en ese sí que sí, que en ese there’ll be some love, tonight there’ll be a ruckus, yeah, regardless of what’s gone before.

En fin, que después de ese disco y con las tropecientasmil copias que venderían, no quedaba más remedio que aceptar que en los siguientes ya dejaría de escribir acerca de las pequeñas glorias, los más que frecuentes fracasos y sobre todo el general aburrimiento semanal de la vida de inbetweener. 

Aún así, al amigo Alex aún le quedaba genio suficiente como para, en el siguiente disco disparar un trallazo de menos de 3 minutos contra el clásico guay despreciable de discoteca de provincias que, como no podía ser de otro modo, liga más que tú (Some want to kiss, some want to kick you. There’s not a net you couldn’t slip through, or at least that’s the impression i get,’cause you’re smooth and you’re wet and she’s not aware yet but she’s yours . She’ll be sayin’ “Use me. Show me the jacuzzi”y sobre todo, para sacarse esa oda definitiva a ese período en el que empiezas a tener algunos años más que veintipocos y todo emite una luz más tenue que antes que es Fluorescent Adolescent.

Había que aceptarlo. Había que aceptar que de cuando en cuando se pasara un poco echándole pop al asunto. Había que aceptar esos pelos  y esas pintas. Había que aceptar que saliera con Alexa Chung (esto bien porque Alexa bien pero mal porque quita-tus-sucias-manos-de-Alexa). Pero esto ya no, mira, esto paso de aceptarlo. Es muy doloroso ver a uno de los nuestros poner tanta posturita y tanto morrito y tanta hostia.

A ver si alguien le recuerda pronto que  You’re not from New York City, you’re from Rotherham que desde que se ha ido a vivir a Los Angeles parece claro que se le ha olvidado.

Posteado por: TCTR | enero 14, 2013

Troya: Épica para los héroes del sábado noche.

En esos Juegos del Hambre de andar por casa en que se ha convertido salir un sábado noche con una mínima intención de conquista pocas preguntas os proporcionarán información más preciosa al ser respondidas que “¿Tú con quién ibas en Troya?”. Tanto es así que deberíais hacerla justo después de preguntar el nombre (el nombre es importante, un mínimo de educación chavales).

Y es que cada modelo masculino en Troya nos permitirá identificar con precisión qué está buscando exactamente la chica en cuestión y sobre esa base, decidir si entra en nuestras capacidades, buen hacer y alcohol en sangre corresponderle.

Empezaré asumiendo que pertenecéis al mismo sector demográfico que yo. Con esto quiero decir que nunca habéis sido los más guapos, los más fuertes ni los líderes de la manada de vuestra clase. Conocéis vuestros puntos a favor, créeis conocer vuestros defectos y las mujeres de vuestra vida han llegado a ella bien por motivos delirantes que ni ellas mismas deberían considerar seriamente (“Te pareces al que me gustaba en el colegio”. Y estoy hablando de un colegio de monjas), bien os han caído cual manzana o bien tras un considerable esfuerzo por vuestra parte. Esfuerzo por otra parte que ya no regaláis porque estáis un pelín viejos y nadie que no sea gilipollas pica piedras por amor al arte.
En resumen, que lo mismo habéis desembarcado con éxito en Normandía o tomado Berlín que habéis comido trinchera, chupado banquillo, sido mandados a galeras, deportados a Siberia, enrolados en la legión extranjera…(como gustéis) y no queréis repetir, a ser posible.

Así que entrando en materia, si os responde:

AQUILES: Uuuuh, malo. Básicamente está buscando a un chuleras, con su buena ración de suficiencia y guarnición de gilipollez. Con un cuerpazo, sí, pero sin el estilo necesario para llevarlo con la mínima clase y elegancia. Un tío que probablemente lleve uno de esos deleznables escotes, de bote de laca o tubo de gomina por peinado y más bíceps que cabeza (en todos los sentidos).
No sabemos si lo está buscando con la sana intención de tirárselo esa noche en concreto y santas pascuas (nada que objetar aquí, la gente es libre de hacer con su tiempo, su organismo y sus sábanas lo que le venga en gana) o con la desnortada noción de reeducarlo en un novio de provecho. Tampoco nos importa, nosotros no estamos en el mundo en general ni en ese pub en particular para psicoanalizar a nadie. Recoged velas con premura y elegancia. Volved a la barra.

HÉCTOR: Para entendernos, Héctor es el Xabi Alonso de la Ilíada. Si dice Héctor es que está buscando a un tío con esa clase y elegancia de la que carecía el chuloplaya de Aquiles. Estabilidad, buenas maneras y respeto, mucho mejor si vienen encofradas en un metro noventa de cuerpazo y una barba cuidada. Héctor la llevará más pronto que tarde a su piso (porque tiene piso propio) no lo dudes pero la llamará al par de días para tomar café. Pondrá de su parte para darle continuidad a la cosa.
El problema es que Héctor es el hombre que aspiramos llegar a ser pero que, vamos a ser sinceros, no somos. Ojalá lo seamos algún día, claro, pero el sábado noche es el reino de lo inmediato y no de lo ideal. No insistáis, apuntad mentalmente su nombre y rasgos, que la chica tiene buen gusto y dos dedos de frente y a lo mejor algún día sois mejores de lo que sois ahora.

ULISES: ¿Qué es Ulises en Troya? Ulises es un tío ingenioso, de razonable buen ver pero sin desarmar como desarman Aquiles o Héctor y que por lo general luce esa medio mueca medio sonrisa irónica y pelín desencantada que se queda después de haber hecho un chiste que sólo has cogido tú y que no te vas a molestar en explicar. Un tipo, en fin, que sabe que lo ideal sería que esos simpáticos troyanos abrieran las puertas de la dichosa ciudad, dejaran pasar tranquilamente hasta la cocina o la sala del tesoro y todos tan amigos y que visto que no, que le den un poco por saco a la gloria de la conquista por las armas y a ver si conseguimos que lo del caballo cuele. Y rápido que me quiero volver a casa.
¿Y si la chica te responde que Ulises, qué quiere decir? Que acepta que en un sábado por la noche, a estas alturas de la película, tu intención es acabar en su piso, sin mentir y marear la perdiz más de lo necesario y aconsejable y meejor a las dos que a las cuatro, que la noche es joven pero envejece como todos. Si lo consigues o no dependerá de lo bien que te quede el caballo.

PATROCLO: …no digáis nada, dad marcha atrás lentamente sin mirarla a los ojos. Esa tía está loca o lo que es peor, tiene un gusto atroz.

AJAX: Vale, está buscando a una mole de 2 metros y pico, con brazos como vuestras piernas y que mata gente con una maza. Maza que podéis entender como referencial sin ir desencaminados del todo.
Absolutamente nada que hacer aquí, ella quiere ir a un concierto de trash metal escandinavo y vosotros sois un grupo canadiense de indie rock. No es vuestra liga. Joder, no es ni vuestro deporte.

PARIS: Está buscando a la peor clase de niñato. Un inconsciente que piensa con su polla tardo/post adolescente y que está acostumbrado a no tener que afrontar las consecuencias calamitosas de sus actos. Ignoro cómo os habéis acercado a hablar con ella en primer lugar, que esto deberíais haberlo visto venir, pero largaos de ahí. Es opcional y aceptable dedicarle un “Buenas noches y buena suerte” con toda la condescendencia que seáis capaces de reunir. Con su pan se lo coma.
Inciso: Evitad en la medida de lo posible vosotros también tener a un Paris por amigo. Es el típico gilipollas que le tira los trastos de mala manera a la novia de un jugador semi profesional de rugby estando él y todo su equipo en el pub de celebración y ya con bien de alcohol en sangre. Al final seguro que acabáis recibiendo vosotros las ostias. Como el mundo es un lugar cruel, no podéis descartar que él se acabe llevado a la novia del jugador de rugby a su picadero y os lo cuente al día siguiente. Creará un grupo de whatsapp para hacerlo, además.

HELENA: Agua. Vuestra vida no es una película porno ni “Persiguiendo a Amy”, simplemente no va a pasar. Alabadle el gusto y deseadle, con sinceridad, buena suerte. Al fin y al cabo a nosotros también nos gustan mucho las mujeres espectacularmente guapas.

Posteado por: TCTR | diciembre 15, 2010

Lo mejor del 2010: Series

Como ya estamos en Diciembre y pocas novedades más parece que nos esperan, he decidido revitalizar un poco el blog con el típico post resumen de 2010 a medio camino entre la crónica y la recomendación, que es donde mejor me muevo. A mí en el fondo lo que me gustaría es hacer algo así como “Top 10 Guapos del 2010”, pero este no es un blog de chicas y aunque yo estoy muy seguro de mi heterosexualidad, mi increíble buen gusto llevaría a confusión a algunos lectores, así que lo vamos a dejar lo que más me ha gustado y lo que menos en series, música y culturilla en general.

El descubrimiento del año ha sido sin lugar a dudas Doctor Who (Perdón, quería decir ¡DOCTOR WHO!).  Aunque ya había oído hablar vagamente de ella (…va sobre un alienígena con aspecto humano…que viaja en el tiempo…) no fue sino hasta el post que le dedicaron en uno de mis blogs favoritos, Quédate a dormir, cuando salió la 5a temporada que me decidí a echarle un vistazo. Al par de capítulos de esa 5a temporada ya había decidido que la serie molaba mucho mucho, así que me baj alguien decidió compartir conmigo su copia privada de un mastodóntico y magnífico megapack que circula por internet con las 4 temporadas anteriores, especiales de Navidad incluidos. Entonces descubrí que la serie seguía molando lo mismo con Ecclestone y se convirtió en una de mis favoritas de todos los tiempos con David Tennant (Perdón, quería decir ¡TENNANT!, ¡TENNANT!, ¡TENNANT!).

Gracias a DOCTOR WHO todo lo que quiero por Navidades ya no eres tú, es un destornillador sónico, votaría a Harold Saxon porque  no puede ser más carismático aunque quiera destruir la Tierra y creo firmemente que deberíamos dejar de financiar TVE y darle todo ese dinero a la BBC para que también emita aquí.

Aparte, del 2010 hay que destacar a Misfits y Community, que aunque se estrenaran el año pasado, en sus segundas temporadas de este año han subido el nivel considerablemente. Esto es, mucho.

Respecto a Misfits, vi la primera temporada y como la mayoría pensé “Anda, Skins con poderes“. Aunque me gustó bastante, no es que me impactara espectacularmente  -hay que decirlo- y tras ese pedazo de final que tuvo  simplemente pensé que no la iban a continuar y no le eché más cuentas.

El caso es que ha vuelto muy fuerte, debido en parte a que no tiene que gastar tiempo “presentando” a los personajes -lo cuál juega en contra de una temporada de 6 capítulos- y aprovechando con ello para hacer la historia un poco más compleja y misteriosa.  En resumen, que la serie, sin cambiar demasiado, ha subido bastante en calidad y diría que es el éxito del año -más si cabe teniendo en cuenta que es una serie británica, no americana-.

El caso de Community es un poco diferente. Como Misfits, me gustó la primera temporada, pero la consideraba por debajo de The Big Bang Theory y How I met your mother. Ya al final de la primera temporada, sobre todo con el impresionante episodio del paintball la serie mostraba que podía, al contrario que las comedias mencionadas, basar su gracia no sólo en los diálogos, sino en el mismo concepto y estructura de cada capítulo, algo en lo que How I met no se prodiga especialmente y TBBT directamente no puede hacer porque es una sitcom pura y dura.

En esta nueva y a todas luces mejor segunda temporada han decidido potenciar esos elementos que la hacen diferente, llevan ya dos capítulos “temáticos” (el de los zombies y el espectacular especial de Navidad en stop-motion) y no se olvidan de al menos intentar repartir el peso entre los 7 protagonistas, más algún secundario habitual, otro campo en el que supera a How I met y sobretodo a la serie que va de Sheldon (¿se nota que he dejado de ver The Big Bang Theory?).

Lo dicho, y como quiera que no veo 30 Rock o Modern Family, la comedia del momento. Y además, Alison Brie sigue siendo adorable.

Por último, en 2010 se ha estrenado la 5a y última temporada de Friday Night Lights, una de mis series favoritas y esa gran desconocida que es prácticamente imposible de recomendar porque cuando lo intentas casi todo el mundo te para justo después de “Mira, no te asustes, pero es un equipo de fútbol americano en un instituto de Texas que…”.

Sigue combinando con el mismo buen hacer las dosis justas de drama, emoción, comedia y personajes carismáticos que en temporadas anteriores, sólo que ahora cada capítulo que ves es un capítulo menos antes de acabar la serie y te alegras, entristeces, te motivas y aplaudes los discursos del coach Taylor -la interpretación de Kyle Chandler merece un post entero y los del Emmy son gilipollas por no haberle dado el de mejor actor- el doble. Y eso que desde la cuarta temporada el grito de guerra dejó de ser Clear eyes. Full Hearts. Can’t Lose

Próxima entrega: Decepciones de 2010: Series

(La verdad es que no tenía pensado escribir nada hasta Septiembre, pero he encontrado un ratejo para pasar aquí la segunda parte del post anterior, que la tenía ya escrita de antes. Esta está dedicada a “Los Otros”, seres entrañables que si bien no han tirado del carro como los del Eje del Mal, han contribuido decisivamente al surrealismo ideológico que ha caracterizado a las jornadas. Si yo todo esto me lo veía venir, en serio, un curso en Julio con ese nombre no podía atraer nada más que a flipadillos )

El Enemy of the Enemy (otro al que al parecer no aguantaban en su casa): Ya se lo decía la vieja aquella a Desmond D. Hume en esa serie que ahora nadie está dispuesto a reconocer que vió alguna vez: “El Universo tiene su propia forma de corregirse“. Pues para compensar un poco a las tres luminarias protagonistas del post anterior, el Universo envió a este auténtico peñazo de tío cuya única misión era llevarle la contraria a los miembros del Eje del Mal. Dicho en simple, si el enemigo de Sión quería convertir Tel Aviv en un solar, éste lo habría movido un poquito de sitio, por Gaza más o menos.

Todo eso, encima, haciendo uso de la misma sangrante pedantería, discurso enrevesado y automasturbación léxica de sus ancestrales enemigos de esa semana en particular.

La española por el mundo (árabe): La reacción más lógica cuando alguien empieza una frase diciendo “Yo es que el verano pasado estuve en Gaza y el Kurdistán…” es echarte a temblar. Y luego acordarte de tus vacaciones tirado en la playa oyendo música y preguntarte que coño hace cierta gente el resto del año para que al llegar Julio les dé por hacer esos viajes. Lamentablemente, lo suyo fue flor de un día, aunque dejó para el recuerdo un maravilloso momento cuando compartió con los asistentes su epifanía ideólogica: “Yo es que antes era más o menos neutral en el conflicto palestino-israelí, pero cuando fui a Gaza hubo momentos en que tuve ganas de tirarle una piedra a un soldado“. Lo cual, como todo el mundo sabe, hubiera sido directamente brillante.

V.R. Towers: La genialidad, como todos sabemos, es cuestión de segundos, de un instante mágico que nos permite diferenciar a los auténticamente tocados por Diso de los que simplemente le ponen empeño. Y hay que ser muy genial para, siendo Vicerrector de una Universidad y estando de ponente en un curso por el que la gente ha pagado 60 lereles por asistir, soltar con la solemnidad del que se ha asomado al pozo insondable del conocimiento humano “Yo es que de los chinos no me fío, porque yo miro a un chino y no sé lo que está pensando…” (absolutamente literal). ¡Chúpate esa, análisis geopolítico!

El Enemigo de Sión (el tío es que se lo ha ganado a pulso): Con más capas que una cebolla, el auténtico amo de las Jornadas “Cultura de la Defensa y Nosequé en un marco de nosecuantos” no ha bajado el ritmo en ninguno de los 5 días, lo que le hace más que merecedor de un bis.

Así, nos desveló que ese cóctel molotov que es su ideología da para mucho más que atizarle a los EEUU. También parecía mantener una relación de amor-odio con Suiza: Un día se descolgó con un “El mejor modelo es el de cantones anarquistas de Suiza” en contraposición al “Reino de Taifas que es el Estado de las Autonomías…” y eso no le impidió más adelante criticar al día siguiente “el acto directamente xenófobo de prohibir los minaretes” (claro, es que lo bueno es el modelo, no los putos suizos).

O que no sólo estaba al tanto del número de cabezas nucleares (no declaradas) del Estado (terrorista, claro) de Israel, sino que posee los conocimientos necesarior para cuestionarse acerca del “programa secreto del Ejército Estadounidense, HAARP, para usar el clima como arma” (que sea un programa secreto no obsta a que lo conozca él o que aparezca mencionado en un documental del Canal Historia que ví un par de días después) o preguntar a uno de los ponentes, alto capitoste de la Unidad Militar de Emergencias, que qué opinaba el Ejército de “los importantes avances en la utilización de nanorobots para la extinción de incendios” (a lo que el hombre, que se ve que la ironía no se la había dejado en el otro uniforme le respondió que en el futuro no sabía, pero que por ahora el método más eficaz para apagar incendios era el agua).

Yo diría que los dos créditos me los he ganado a pulso, vaya.

Ya hablé hace algún tiempo en el blog de cómo la chorridad parece ser un requisito indispensable para que mi maravillosa universidad reconozca con créditos de libre configuración a un curso, jornadas, seminario u orgía mental – la otra, y aún más importante es que cuesten pasta-

Pues bien, por pura necesidad me veo esta semana prostituyendome en asistiendo a unas jornadas que bajo el sugerente título “Cultura de la Defensa y Conflictos Intergalácticos en un marco de Diálogo de Civilizaciones” que me aseguran 2 créditos de libre más y 60 € de patrimonio menos, así como una considerable dosis de momentos de estupor, incredulidad y surrealismo.

Ahora bien, yo, lleno de prejuicios me habría podido esperar que  semejantes momentos vinieran proporcionados mayoritariamente por los ponentes -3 al día- de las jornadas . Sin embargo la sorpresa la han dado algunos de los asistentes, a los que imaginaba simples carroñeros estivales de créditos -como yo- y que se han destapado como seres geniales que le están dando un color a los turnos de preguntas inimaginable el lunes por la mañana cuando empezamos -ahora ya me espero cualquier cosa-

Hoy toca hablar de los tres que más han brillado hasta ahora, aunque espero mucho de otros que ya han dejado pinceladas de su talento y que podrían refulgir en algún momento de aquí al Viernes.

La Comeflores: La reina indiscutible de la jornada del Lunes. Una autodenominada “Filósofa de la vida” -sin aparente sonrojo- en alerta permanente contra el enemigo invisible que maneja a la humanidad: las Corporaciones y sus secuaces visibles, los Bancos. En el turno de preguntas después de la primera ponencia desveló que su padre era militar, lo que al parecer la ha llevado a odiar a los EEUU -no hay relación aparente- y a pagar por asistir a un curso en el que hay varios ponentes pertenecientes al estamento militar -hasta ahora, un Teniente General y un Comandante- para poder compadecerlos por su aborregamiento en voz alta –Talking about daddy issues-

Desde entonces en cada turno de preguntas me echo a temblar. La tía se pone en modo “Doctor Dhivago” y suelta una incoherente parrafada cíclica, repitiendo 3 veces cada frase tras la que al final no pregunta nada. Los ponentes, asumen que deben responder a un “¿Y usted que opina de todas las paridas que acabo de decir?” que queda implícito.

El Enemigo de Sión: Un magnífico ejemplar de peñazo insufrible que sabe cuántas cabezas nucleares tiene el Estado de Israel –“227, contadas”-, cuantos millones de habitantes tiene Canadá -“33, contados también”- y que siempre empieza de la misma manera sus intervenciones, con un acojonante “Tengo un par de preguntas y una reflexión…”. El lunes pensé que era un propalestino convencido que odiaba a los EEUU. Hoy, cuando ha llegado su momento de gloria, se ha desvelado como una personalidad compleja: Odia a los EEUU – “un bipartidismo que esconde ni más ni menos que una dictadura”– pero sobre todo le repatea el Estado de Israel -al que ha llamado 3 veces seguidas Estado terrorista con tal énfasis que parecía que le estuviera hablando a Ariel Sharon- y le encantaría que Irán desarrollara de una puñetera vez su programa nuclear, para equilibrar.

Aparte, un poco más adelante hemos podido descubrir que le mola Rusia y le pareció de una lógica aplastante cuando les cerraron la llave del gas a los de Ucrania y a algún que otro centroeuropeo “porque no pagaban”. No hemos hablando de Georgia o Chechenia, pero yo lo he visto con fuerza suficiente para defender eso también.

El Juan Tanamero: El origen del hombre que más odia a EEUU en un par de kilómetros a la redonda está envuelto en el misterio. No lo recuerdo del Lunes, pero hoy se ha convertido en el gran animador, formando un tandem letal con el Enemigo de Sión.

A destacar el hecho de que hable con un perfecto y revolucionario acento cubano, lo cual puede indicar dos cosas: 1) Que es, efectivamente, cubano de la misma Cuba 2) Que sólo lo finge para causar más impresión cuando  habla de “EL IMPERIALISMO”. En este segundo caso, su habilidad rozaría la perfección, habiendola desarrollado hasta tal punto que puede hablar de EL IMPERIALISMO como quien habla de una persona de carne y hueso -“Cómo iba a permitir EL IMPERIALISMO que eso pasara…”-

Origen incierto aparte, lo que se puede establecer es que padece algun tipo de incapacidad que le impide de todas todas hablar en un educado volumen normal de decibelios, ya dirija sus preguntas -retóricas todas, a ver quién es el guapo que le lleva la contraria- a un periodista con el que en muchos puntos habrá estado totalmente de acuerdo, a una diplomática canadiense adorable con un acento encantador o a un Comandante del Ejército del Aire. Él sólo ve a los 44 presidentes de EEUU a la vez.

El que más momentos míticos puede ofrecer, espero que no sea flor de un día y siga subiendo el nivel hasta el Viernes.

(Puede que continue…)
Posteado por: TCTR | julio 7, 2010

Idolo Anónimo

Me encantaría conocer al genio que ha escrito hoy el guión del telediario de Antena 3 -o genios en plural, la verdad es que desconozco absolutamente el funcionamiento interno de cualquier medio de comunicación- porque es digna de admiración la capacidad para la fina ironía y la destructiva crítica soterrada necesaria para, después de 19 minutos de exaltación deportivo nacionalista, semos los mejores, quevivaspaña y un par de analfabetos funcionales  vestidos de toreros como guinda, descolocar a la audiencia haciendo que Roberto Arce se arranque a continuación con un impagable:

“El paro sigue siendo la primera preocupación de los españoles, según el último sondeo del CIS”

“Shaun of the Dead”, “28 días después”, “Zombieland” y “Orgullo, prejuicio y zombis”, son, cada cual en su estilo, cuatro ejemplos de la actual época dorada de la temática zombi -e “infectados” si nos ponemos puristas-, que coincide, curiosamente, con la explosión vampírica entre el gran público. Es decir, los zombis son ahora, en la corriente friki -no me gusta utilizar esa palabra, pero entiéndase contrapuesta a Gran público o mainstream- de no-muertos y/o criaturas sobrenaturales la especie dominante, ocupando papel que tradicionalmente tenían los vampiros.

¿Qué ha pasado? Pues que si los zombis son los nuevos vampiros es porque los vampiros se han convertido en la versión no muerta de las novelas de Danielle Steel, y el vacío en el corazoncito friki -también por el daño causado a los hombres lobo- ha tenido que ser llenado por los comecerebros y sus derivados.

¿Cómo ha pasado esto?

Por sus propias caracerísticas, las historias de vampiros estaban destinadas a ser la puerta por la que se ha colado sin piedad la edulcoración romanticona. Aunque el vampiro era siempre el malo de la película y había que cazarlo por aquello de que te mataba y se bebía tu sangre, la versión que se ha ido imponiendo es la de un seductor caballero/aristócrata del siglo nosecuantos  con modales impecables que principalmente se alimentaba de inocentes y jóvenes muchachas a las que subyugaba con una voz profunda y unos ojos penetrantes. Luego las mataba, vale, pero a ellas eso ya les daba un poco igual.

El “Drácula” de Coppola da una pequeña vuelta de tuerca, aparte de consolidar del todo el modelo de chupasangres encantador, solitario -nada de clanes, grupos o nidos de vampiros- y protagonista. Fuera Vlad el Empalador, hay que potenciar la vertiente trágica del personaje –Me convertí en vampiro porque se me murió la novia cuando yo estaba en las Cruzadas, lo que me llevó a cabrearme con Diso y convertirme en inmortal y superpoderoso– humanizándolo y por lo tanto con capacidad para enamorarse de alguna manera de la protagonista femenina. Eso sí, todavía es el malo de la película y al final tiene que morir, aunque a manos de la protagonista femenina, que en el fondo lo quiere y no de un cazavampiros, que en el fondo y en la superficie lo odia. Mucho más trágico, claro.

“Entrevista con el Vampiro” -hablo de la película, no me he leído los libros, y que debía haberse considerado como la primera señal de alarma- continúa por el mismo camino pero introduce una novedad: El vampiro bueno, el pestiño quejica torturado que no bebe sangre humana, que se pasa el tiempo suspirando por su “humanidad perdida” -vamos, Louis du Ponte du Lac, francés el chaval- y que ya va definitivamente de héroe trágico. Como contrapunto, Lestat, que sí es puro tópico vampiro, un cabrón sanguinario encantado de haberse conocido y de ser inmortal.

Después de “Entrevista con el Vampiro” ya se pueden entender dos cosas bastante diferentes en cuanto a historias de vampiros:  Aquellas que los tienen como protagonistas absolutos -entiéndase: Anne Rice- y donde la acción brilla por su ausencia, y resulta que ser vampiro es lo más de lo más pero también una putada y es todo muy dramático y por otros lado las películas “de cazavampiros” -como “Blade”,  “Vampiros” de John Carpenter o “Abierto hasta el amanecer” de R. Rodríguez- que obedeciendo a esquemas totalmente diferentes, y en realidad mucho más antiguos, sustituyen al vampiro seductor y solitario por la comunidad, enjambre, nido o como-se-llame de vampiros y le quitan bastante tragedia al asunto para centrarse en la acción. Los vampiros son los malos porque matan gente, el cazavampiros es bueno porque mata a los vampiros que matan gente.

La ultraconocida “Buffy cazavampiros” es la última de temática vampiríca que puede considerarse medianamente friki. Se dedica a mezclar sin empacho ambos elementos: De un lado la adolescente de Instituto buenorra destinada a cazar -entre otras muchas cosas- vampiros, que son malos malísimos y viven en comunas -vamos, historia de cazavampiros- y de otro, como personaje secundario que suele gustar más que el protagonista, un vampiro carismático, bastante torturado por ese pasado suyo en el que mordía cuellos, que añora su humanidad vete tú a saber por qué, y que protagoniza con la cazavampiros un amor imposible. Y todo esto, con el traje de David Boreanaz. “Buffy cazavampiros” se salva de ser la primera etapa del pasteleo chupasangre porque su espíritu no deja de ser el de una serie de acción entretenida con bastantes momentos delirantes y absurdos. Y porque en esta realidad por lo menos es imposible considerar que David Boreanaz hace de vampiro pestiño quejica.

(Falta otro post, en los próximos días, ya con Crepúsculo, sus secuaces y sus perniciosos efectos. Si alguien se está preguntando por qué sólo David Boreanaz tiene enlaces con imágenes es que no tiene ojos en la cara)

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