Posteado por: TCTR | abril 23, 2008

Fastos fastuosos

Es curioso como en este país nuestro, hasta las memorables azañas históricas tienen un “pero”. Y es que tenemos a la vuelta de la esquina el 200 aniversario del 2 de Mayo y la guerra de la Independencia. Y pese a la enorme avalancha que se nos viene encima de orgullo patrio, sus y a ellos, bandoleros heroicos y alzarse en armas contra el invasor francés, vamos a reconocerlo, en España somos pringaos hasta cuando nos ponemos en plan épico.

Porque las cosas claras, viendo lo que vino después, hubiera sido mejor quedarse invadidos. Vale, lo de plantar aqui el ejército y forzar a la familia real a que abdicara no queda nada bonito. Pero joder, teniendo en cuenta la manada de inútiles que eran los Borbones de la época, tendríamos que haberles dado las gracias. Pero no, aquí nos va la marcha. Si estábamos muy felices en el absolutismo, hombre, de que van a venir los mariquitas gabachos estos a contarnos cuentos de la Ilustración y esas cursilerías. Nos levantamos en armas y que vivan las caenas!. Pues eah, por listos nos comimos a Fernando VII un buen tiempo, que encima de que le recuperan gratis el reino (echando a la mayor potencia militar europea de la época), va y se pasa por salva sea la parte el nunca suficientemente valorado texto constitucional creado, en los ratos libres, en las Cortes de Cádiz (el mismo que le quisieron imponer por las malas en 1820, nada más que para que el grandísimo hijo de puta pidiera auxilio a la Santa Alianza y nos jodieran el trienio liberal). Y por si fuera poco, acabada la guerra hacemos purga y mandamos al exilio a todo lo que huela a afrancesado, acusando de traidor a cualquiera que fuera medio liberal, o que supiera leer y escribir, que también estaba muy mal visto.

Así que lo siento, pero no le veo mucho sentido a celebrar por todo lo alto que unos pobres ilusos se pegaran la trabajera de enfrentarse a todo un ejército francés, Napoleón incluido, conseguir mandarlos de vuelta más alla de los Pirineos, crear una Constitución que era una auténtica maravilla para principios del siglo XIX y todo ello para sentar en el trono, como buenos idiotas, al despreciable Fernando VII, que es con diferencia el rey español que más se ha merecido que le cortaran la cabeza (y mira que hay muchos que han hecho méritos), y que encima para devolver el favor se dedico a fusilar con entusiasmo a la mitad de militares y guerrilleros que lo habían puesto en el trono con toda su buena voluntad. (Eso, los que quisieran que aceptara la Constitución. Los otros, los fans del Estado Absoluto, eran, en mi humilde opinión, otra buena manada de cabrones, acordes con su Rey cabrón).

Y aún así, hay que ver lo bien que quedaron en los cuadros.

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Responses

  1. La Constitución del 12 no tiene desperdicio. La primera la da en la frente, cuando dice en su frase inicial:
    <>.

    Macho, eso no lo hacemos ni tú ni yo. Ausentes y cautivos no sancionamos una Constitución ni aunque nos vaya la vida en ello. Los diputados lo sabían y algunos artículos después, tras echar incienso para disimular, sueltan en el 168<>

    Al leerlo Fernando se partía. Dijo: “toma, pues si no tengo responsabilidad y en Francia Napoleón no paga sus facturas por la teoría de los actos políticos-era un rey muy educado e intelectual,¿eh?- yo me paso esta pamplina por el forro”.

    Lo que le tocaba la moral era el comienzo, porque sentía que los progres le estaban vacilando. Por eso dejó de leer justo ahí, y pasó del católica majestad del artículo siguiente, y encargó doce kilos de pichones para dar un guateque. No pedía permiso pero no habría hecho falta, porque en el artículo 214 los padres patrios establecieron que “Pertenecen al Rey todos los palacios reales que han disfrutado sus predecesores, y las Cortes señalarán los terrenos que tengan por conveniente reservar para el recreo de su persona.”.

    Pobre Fer. De haberlo visto se lo habrían llevado los demonios. ¡Todos, todos los terrenos españoles eran para su recreo, joder! Estos ilustrados comían camembert en la intimidad, seguro. Nenazas.

    Y la cosa es que el resto del articulado le gustó, que yo lo sé. Dicen que el artículo 6 lo enmarcó: “El amor de la Patria es una de las principales obligaciones de todos los españoles y, asimismo, el ser justos y benéficos.”
    Así, sí. Si no es benéfico un español le meto dos mamolas que lo dejo tibio, por chulo y faltón.

    Eso le pasó a Torrijos. Por guaperas. No has sido benéfico que era tu obligación, y al hoyo. Pero es que España y yo somos así, señora: los compañeros de Torrijos se cogen las manos y tiemblan, y algunos lloran en el suelo o se abrazan, porque van a morir. Porque les han dicho que la sentencia de Fernando VII tenía pocas palabras: “Que los fusilen a todos”. A su espalda unos frailes confiesan y perdonan a los soldados.

    Cuando acaban, consuelan a los condenados. Católica majestad, mascullan.


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