Posteado por: TCTR | octubre 2, 2008

“Tu flequillo está bien, tapa las cicatrices de la lobotomía”(Introducción: En que estaba yo pensando?)

Prácticamente todo el mundo es capaz de producir, con mayor o menor frecuencia, ideas, digamoslo amablemente, “con poca base” o “sin sentido” o “ligeramente estúpidas”.

No estoy hablando de prenderle fuego a tu casa, o comprobar si es cierto que al meter cubiertos metálicos en el microondas éste explota (lo que aparte de FRANCAMENTE estúpido suele ser peligroso). No, me refiero a esos momentos en que, no se sabe posteriormente cómo, se te ocurren cosas como “Pues a partir de hoy, y todos los días voy a hacer 150 flexiones” o “Se acabó el tabaco” o “Estoy harto de tener el pelo negro…Pásame el agua oxigenada”, “Ya va siendo hora de que ordene todos los discos/libros/películas por orden alfabético”. Desde luego está bien hacer ejercicio, dejar de fumar y ordenar las cosas, pero normalmente, el llevar impulsivamente estas ideas a la práctica suele traer consecuencias no deseadas. Ejemplo: Efectivamente haces las 150 flexiones ese día, a lo macho, pero como llevabas un año sin hacer deporte, al día siguiente no puedes mover los brazos. Siguiendo con el ejemplo, lo más probable es que en ese día siguiente (porque siempre hay un día siguiente) te preguntes varias veces “Pero en qué cojones estaba yo pensando?”.

Ahora bien, para que estás ideas sin sentido acaben convirtiendose en acciones a la postre estúpidas (recordemos; estúpidas “de andar por casa”, no “REALMENTE estúpidas y peligrosas”), es necesaria la posibilidad temporal (a lo sumo 3/4 de hora máximo) y material de ponerlas en práctica. Es decir, si estas de camino a clase, trabajo, similares, se te puede llegar a ocurrir lo de las 150 flexiones, pero no te vas a poner a hacerlas en mitad de la calle (sobrio al menos) y para cuando vuelvas a tu casa pasadas las horas, la idea habrá perdido su atractivo inicial. Del mismo modo que en una barbacoa/perol/por el estilo (en este gran país somos bastante imaginativos en cuanto a denominaciones alternativas para “comer y beber hasta hartarnos”) no vas a poder, por mucho que en algun momento cruce por tu mente la idea, empezar a beber agua mineral y comer ensalada.

Hechas éstas aclaraciones necesarias, en mi caso concreto suele haber una franja del día en que coinciden la producción de esas ideas sin sentido con el tiempo y la posibilidad de ponerlas en práctica. Antes ésta solía situarse entre 8 y 9.30 p.m, pero como ahora tengo clases por la tarde, la franja se ha desplazado de 10 de la mañana a 11.30 (aproximadamente), que es cuando limpio la casa (MI casa, no cualquier casa), oportunidad perfecta para, entre barrido y fregado, divagar un rato. Al acabar se produce el momento crítico en el que las tontunas que se me han ocurrido pueden convertirse en hechos.

A qué viene todo esto? A que hace unas semanas se me ocurrió una idea estúpida en esa franja antes mencionada, aceptar una de las famosas “invitaciones del tuenti” (que honogg) y como no tenía nada mejor que hacer, decidí hacerme una cuenta. ¡Error grave! que diría aquél.
Y aunque ser un vendido es objetivamente malo (sobre todo si eres un vendido sin beneficio), es innegable que desde entonces no he hecho más que sorprenderme (lo cual normalmente es entretenido, ya te sorprendas para bien o para mal), sorpresa, en todo caso, más cercana a la estupefacción y a la vergüenza ajena que a las tartas de cumpleaños, la lotería o la lencería de “Woman’s Secret”.

Así que como tampoco se me ocurre nada mejor que escribir y últimamente no hago más que darle vueltas a lo mismo, compartiré en las proximas entradas mis asombros ante esta “red social” para quinceañeras con pavo (y los quinceañeros que las siguen), y el resto de la gente que no se que hace allí.

PS: Sí, ya lo sé, Saemon se dedica a la crítica literaria y yo a meterme con el tuenti. Alguien se sorprende? Todos sabíamos que en algún momento quedaría tan innegablemente clara la diferencia entre capacidades. Pero oyes, así hay variedad. De hecho, dad gracias que de algo escribo, porque si por mí fuera, me dedicaría a comentar sus entradas simplemente.

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Responses

  1. Joder que explicación tan lúcida. Este septiembre he ordenado todos los libros-impresionante, 72 horas de trabajo seguidas- por ese mismo mecanismo impulsivo-también para no estudiar, pero en fin-. Pero es que con esos factores mi estupidez habitual y mayor enemigo es siempre la misma: afeitarme. Un día surge la idea-“debería afeitarme- y de ahí en adelante degenero lentamente hasta, efectivamente, hacerlo. Espero alejar malos pensamientos. Imagínate que me afeito y ligo en tuenti. ¡Cristo!.

  2. Me pasa lo mismo con pelarme, cuando me estoy dejando el pelo largo. Un día pienso “Que coñazo de greñas, a lo mejor debería pelarme” y a partir de ahí es solo cuestión de tiempo hasta que finalmente abandono y voy a pelarme.

    En todo caso, a pesar de que pelarse es una mala idea, lo de que te laven la cabeza con agua caliente y un poco de masaje es uno de esos momentos felices que ofrece la vida. Luego te cortan el pelo, eso sí.

  3. Yo a eso lo llamo cáncer degenerativo de la voluntad puntual, periódico y pasajero, con graves consecuencias -emocionales y de autoestima, eso sí, tampoco yo hablo de algo REALMENTE autodestructivo rallando en el suicidio- a posteriori, que suele traducirse en las típicas “en realidad no sé si hice bien…” o “quizá fue cosa de la depre…”, o “a ver si encuentro a alguien que me convenza de que no he gastado el tiempo/dinero/dignidad inútilmente”. Todas se resumen (sí) en “en qué coño estaba yo pensando?”.
    El caso que se me ha venido a la cabeza leyéndote -y al que me refiero- es el del amor no correspondido y las llamadas de teléfono/msn/mail. Toda chica que haya estado enamorada sin ser correspondida ha pasado por dicho sufrimiento, consciente pero inevitable, cuando empieza a pensar en el chico en cuestión (contrastado, oiga). Una vez introducida la idea en la cabeza ya no sale, se queda ahí, maquinando, dándote vueltas y aumentando en razones de autoconvicción: “tengo que llamarle”. El tema de conversación no importa, si lo pillo en la ducha tampoco, si lo pillo con otra mejor. Nuestro cerebro ya se ha acostumbrado a sacar las razones que más te harán flaquear la voluntad, y lo consigue.
    Unos se pelan, otros ordenan compulsivamente,y esas chicas llaman a sus amados (que por otro lado pasan de ellas) sin remedio. La frase de autocompasión y jodienda viene después de colgar con un “mierda! Idiota idiota idiota, no lo haré nunca más”.
    Espero que mi mini-introducción en la psique femenina saliéndome totalmente por la tangente respecto a lo que escribías no te haya disgustado. Siento el retraso en comentar, ya sabes, más vale tarde…

  4. No, esta bien, es interesante. Lo que yo digo que es para hacer una tontuna de todos estos estilos, es necesario imperativo que se junten la creación mental de la tontuna con la posibilidad de llevarla a cabo en un intervalo de tiempo mas o menos corto. A mi ahora que estoy por la mañana de practicas me vuelve a pasar de 8 a 9.30. Es la fase del día que intento sentarme quietecito en mi habitación, por si acaso 🙂


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