Posteado por: TCTR | diciembre 23, 2013

Tú eras de los nuestros, Alex.

El otro día, viendo este vídeo de uno de su últimos conciertos, no me quedó más remedio que reconocerlo con todo el dolor de mi corazón: Ya no soporto a Alex Turner. Es que no puedo ni verlo. Ni en HD ni en normal.

Y no tiene nada que ver con el último disco de los Arctic Monkeys, el cual, sin volverme loco, sí que me gusta bastante más que los dos anteriores y que incluye cancionzacas como “Why’d you only call me when you’re high” o “Knee Socks” (en la que colabora Josh Homme, o sea, respeto) y que encima incluye una colaboración con mi admirado Bill Ryder-Jones, el antiguo guitarrista de The Coral (o sea, respeto eterno e ilimitado).

No, no son las canciones. Las canciones están bien. Tampoco son las letras de esas canciones, que al fin y al cabo son las más fácilmente comprensibles desde el primer disco.

El problema son las maneras, esos ademanes de rock star en el peor sentido del término, de Elvis redivivo, de chuloputas engominado que ahora se gasta. Ese movimiento lascivo de cadera. Ese dedo índice que sirve para señalar lo mismo el infinito que la dirección por la que queda el catre.

¿Y por qué me molesta esta transformación, os preguntaréis, más que en ningún otro músico que conozca? Porque Alex era de los nuestros. Porque ningún disco de este siglo XXI recoge tan bien lo que significa ser un jovenzuelo normalucho de una ciudad pequeña de provincias como el “Whatever people think…” de los Arctic Monkeys.

A ver, The Strokes eran neoyorkinos cosmopolitas y ricos y se conocieron en un colegio privado. Podrían gustarte (joder, a mí me gustaban y a alguno de mis amigos mucho más que a mí), podías intentar copiar las pintas, los pantalones estrechos y rotos, las zapatillas sucias, los pelos desgreñados en el punto exacto, pero en tu interior sabías nunca serías como ellos. Te faltaba clase suficiente como para fingir que no tenías clase alguna. Porque habías mamado escuela pública en todo su glorioso esplendor, porque a tus amigos los conociste en una clase masificada y en la que hacía demasiado calor en verano, demasiado frío en invierno y demasiado olor en cualquier época y porque tu padre era profesor de Instituto, no Albert Hammond.

The Kooks, por otro lado, y concretamente Luke Pritchard, tenía pinta de ligar considerablemente más que tú. Incluso en una canción estándar de “qué putada que me han dejado” como “Naive” parecía más que se estaba quejando de vicio o para colarle el cuento a otra que pasaba por allí. Te podían gustar The Kooks (yo no pasé de meterme en el iPod más de 4 canciones o así, pero mi amigo David en su época dio bastante la brasa con ellos), pero no podías dejar de recelar de ese tío con pelo rizado y dientes ligeramente torcidos que seguro que llegaba con la guitarrita cuando estábais sentados en un parque, tocaba 4 acordes y se llevaba a las tías de calle.

¿Y The Libertines, por ejemplo?. Mira, que Pete Doherty era un pedazo de yonki era algo que se veía venir ya en el “Up the bracket”. Luego ya se destapó como yonki de manual, de darle 2€ preventivos incluso antes de que abra la boca para pedirte un cigarro. Lo dicho, a mí me gustaban The Libertines pero ni de coña me identificaba con o aspiraba a ser como Pete Doherty, con esa palidez que parece que acaba justo de echar la pota y ese cabezón.

Pero con los Arctic sentías rápido que Sheffield debe parecerse a Córdoba, porque esas letras podríais haberlas escrito tus amigos y tú en cualquier punto de vuestras vidas entre los 16 y los 21. Bueno, quizás escribirlas, en puridad, no, porque ni tus amigos ni tú teníais talento. Pero que os habían pasado gran parte de las cosas que decían esas canciones, joder, eso seguro.

Porque cuántos de vosotros no habíais aprendido el estoicismo por la vía dura y habíais tenido que aceptar que al fin y al cabo there’s always somebody taller, with more of a wit. And he’s equipped to enthrall her, and her friends think he’s fitY a cuántos vuestro recién estrenado estoicismo no os había evitado que vuestra imaginación decidiera torturaros durante un buen tiempo después cuando ya no sabíais  what she’s up to; you can only assume, If she’s not out front of the shops then they’ve gone to his room. She’s gone round in her school stuff – I bet thats what he likes -. I know you thought she was different and you thought she was nice. O aún peor, cuando ya no era vuestra imaginación la que os martirizaba e íbais preguntando a cualquiera que quisiera escucharos have you heard what she’s been doing? Never did it for me.

Y a cuántos, un sábado cualquiera, no os habían echado atrás en la vuestra discoteca exageradamente pretenciosa para lo que era vuestra ciudad ese par de porteros simiescos and one of ‘em’s alright, the other one’s the scary one. His way or no way, totalitarian. And he’s got no time for you looking or breathing how he don’t want you to. O una vez dentro, o bien os habíais pasado de inspirados y atrevidos cuando, avanzada la noche, habías decidido que era el momento perfecto para pour your heart out around three o’clock, when the 2 for 1’s undone the writer’s block vía sms o bien os habíais quedado miserablemente cortos en ese momento crucial en el que my heartbeat’s at its peak, when you’re coming up to speak. Well I’m so tense and never tenser. Well I’ll go a bit Frank Spencer. And I’m talking  gibberish, tip of the tongue but I can’t deliver it properly. Oh, it’s all getting on top of me and if it weren’t this dark you’d see how red my face has gone.

Por no hablar de esa sensación de absoluta falta de pertenencia y esa fascinación que siempre han tenido las niñas pijas que bastantes os habíais podido encontrar en la típica fiesta a la que no sabíais cómo diablos se les ha ocurrido invitaros, porque parecía que todo el mundo estaba en un par de escalones socioeconómicos por encima de vosotros, que eráis los primeros en reconocer lo evidente: Well, I never came from no ghetto, but it wasn’t nowhere near here. Aún así, qué diablos, well-spoken girls in stillettos aren’t something to fear. 

El caso, que todos teníais en mente a alguna chica de vuestra clase, de la biblioteca o del supermercado a la que estábais deseando encontraros el sábado por la noche porque seguro que tenía una pinta estupenda en la pista de baile. Chica a la que sólo ocasionalmente te encontrabas y sábados que, por otra parte, nunca acababan siendo gran cosa porque anticipation has the habit to set you up for disappointment in evening entertainment. Pero en fin, como la esperanza es lo último que se pierde y lo primero que se recupera al sábado siguiente, seguro que en ese sí que sí, que en ese there’ll be some love, tonight there’ll be a ruckus, yeah, regardless of what’s gone before.

En fin, que después de ese disco y con las tropecientasmil copias que venderían, no quedaba más remedio que aceptar que en los siguientes ya dejaría de escribir acerca de las pequeñas glorias, los más que frecuentes fracasos y sobre todo el general aburrimiento semanal de la vida de inbetweener. 

Aún así, al amigo Alex aún le quedaba genio suficiente como para, en el siguiente disco disparar un trallazo de menos de 3 minutos contra el clásico guay despreciable de discoteca de provincias que, como no podía ser de otro modo, liga más que tú (Some want to kiss, some want to kick you. There’s not a net you couldn’t slip through, or at least that’s the impression i get,’cause you’re smooth and you’re wet and she’s not aware yet but she’s yours . She’ll be sayin’ “Use me. Show me the jacuzzi”y sobre todo, para sacarse esa oda definitiva a ese período en el que empiezas a tener algunos años más que veintipocos y todo emite una luz más tenue que antes que es Fluorescent Adolescent.

Había que aceptarlo. Había que aceptar que de cuando en cuando se pasara un poco echándole pop al asunto. Había que aceptar esos pelos  y esas pintas. Había que aceptar que saliera con Alexa Chung (esto bien porque Alexa bien pero mal porque quita-tus-sucias-manos-de-Alexa). Pero esto ya no, mira, esto paso de aceptarlo. Es muy doloroso ver a uno de los nuestros poner tanta posturita y tanto morrito y tanta hostia.

A ver si alguien le recuerda pronto que  You’re not from New York City, you’re from Rotherham que desde que se ha ido a vivir a Los Angeles parece claro que se le ha olvidado.

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Responses

  1. No soy superfan de estos grupos. Artic Monkeys me gustan, pero ya.

    Pero que hayas vuelto, aunque sea hasta los próximos seis meses, me pone contenta 🙂

    • Bueno, a mi sí pero de todos modos era todo una excusa para revisitar la época y poner canciones y colocar una foto de Alexa Chung 🙂

  2. ¡La virgen santa! No me extraña que tardes tanto en escribir una entrada. Enlaces, cursivas, más youtube que una adolescente “bieberiana”, y una jartá de recopilación musical de esa que no ponen en Cadena Dial. Si no fuera porque he tenido que usar el traductor de google más de siete veces te ponía un ocho por la entrada.
    ¡Te quedas con un seis!


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