Posteado por: TCTR | marzo 9, 2015

Ceci n’est pas une relación laboral.

Ayer alguien en twitter enlazó esta entrada, coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer y mi reacción ante la misma fue lo suficientemente intensa como para que haya decidido dedicarle yo una propia:

http://www.adiciones.es/2015/03/09/las-10-cosas-que-he-podido-aprender-y-que-considero-basicas-despues-de-10-anos-de-carrera-profesional/

Algunas afirmaciones me causaron sorpresa, otras bochorno, otras un cabreo considerable y otras simplemente me dieron material para reírme de ellas.

Antes de entrar en materia, quiero aclarar que mi intención es centrarme en los “consejos” que entiendo pueden servir indistintamente para ambos sexos, aunque toda la pieza va dirigida a las mujeres. Sobre los otros (esos puntos 6 y 7…) he preferido abstenerme de opinar, porque me da la sensación de que resultaría un tanto pretencioso por mi parte.

A todas las “ninis” y estudiantes universitarias. A todas las aspirantes a futuras celebrantes del DIA DE LA MUJER TRABAJADORA, de una mujer trabajadora.

Una precisión: juraría que el 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer, sin más adjetivos. Es decir, el objeto de la conmemoración sería buscar la concienciación general acerca de los problemas que afrontan las mujeres en el mundo por el hecho de ser mujeres y la lucha por la igualdad entre sexos, no limitándose únicamente a los específicos de la mujer en el ámbito laboral (importantes, qué duda cabe). El hecho de emperrarse en utilizar la denominación anterior (y en mayúsculas, además) me parece una elección francamente cuestionable que sólo puedo atribuir a una posición ideológica de la autora.

Personalmente creo que el término “mujer trabajadora” es matizable, hay muchas mujeres trabajadoras, pero diría que hay dos grupos diferenciados: las que trabajan por necesidad -con gusto o sin él- y las que trabajan por pasión, por vocación no solo a una profesión, sino al trabajo en sí.

A ver, no, no es matizable. Trabajador por cuenta ajena es el que realiza una actividad voluntariamente por cuenta y dentro del ámbito de organización de otro, el empresario, a cambio de una remuneración. Para una vez que la doctrina es unánime no vengamos a joder.

Me parece fascinante la división entre trabajadores por necesidad –hilando aún más fino, entre por necesidad pero con gusto y por necesidad sin gusto. No aclara si el gusto es constante, intermitente, perenne o de hoja caduca, lamentablemente- y trabajo por pasión/vocación, parece que dando a entender, en el segundo caso, que el hecho de que te paguen por tu trabajo es un elemento accesorio, ciertamente agradable pero en ningún caso esencial, de que vayas a un sitio un determinado número de horas al día a realizar una actividad productiva cuyos beneficios van dirigidos a otra persona. Desligar la prestación de trabajo (el trabajo en sentido físico, la actividad material, como gustéis en llamarlo) de la contrapartida que es el salario me parece una actitud profundamente perniciosa y que no tendría cabida, por ejemplo, si se tratara de desligarlo de la voluntariedad, por ejemplo. La “vocación” puede ser un elemento que te lleve a elegir un sector de la actividad sobre otros, un criterio para valorar ventajas e inconvenientes de un puesto de trabajo, pero no es un elemento fundamental del mismo. Si mañana tu empleador te dijera que va a dejar de pagarte (para siempre y todo el salario) pero el resto de elementos van a seguir exactamente iguales (la obligatoriedad de prestar el trabajo en el mismo horario y jornada) lo mandas a la mierda. Tú y todos.

Ya para dar la trecha directamente es la última referencia a trabajar por la pasión por el trabajo. Tócatelos con el ars gratia artis. ¿Qué diablos es trabajar por vocación al trabajo exactamente? ¿Que para ti es lo mismo dar clase de inglés que lijar sillas que subir una roca por la ladera de una montaña hasta que caiga por el otro lado y volver a repetir una y otra y otra vez? Y todo esto, recordemos, sin cobrar, porque entonces sería complicado trazar la línea entre qué parte realizas por vocación al trabajo y qué parte realizas por el vil metal.

En cualquier caso hoy quiero pensar en todas aquellas “ninis” y estudiantes que aspiran a ser mujeres trabajadoras, de cualquier tipo.

“Nini” es un término peyorativo, que nace para referirse a alguien que ni estudia ni trabaja (y atención, lo importante del término y su razón de ser) ni tiene la más mínima voluntad o inquietud de hacerlo. Por lo tanto, en este caso “una nini que aspira a ser mujer trabajadora” es una contradicción. Se es nini porque precisamente no se aspira.

A lo mejor esta apreciación sea mucho esperar en alguien que no encuentra nada contradictorio conceptualmente “trabajar gratis”. Ninis con aspiraciones, pues.

1. La sociedad, el estado o el jefe, nadie, os debe nada.

El concepto “deuda” está intrínsecamente relacionado con la exigibilidad de la misma. Una deuda que no es exigible de alguna forma no es tal. Distinta es la intensidad en que se manifiesta esa exigencia (las deudas morales no conllevan embargo y ejecución de tus bienes por parte de tu conciencia).

Si ni el estado ni el empleador os debe nada ¿cómo es que vosotros sí que les debéis bastante a ellos? ¿Acaso sois andaluces, que todo el mundo sabe que están exentos de pagar impuestos? ¿Son vuestra jornada laboral y vuestro horario unas directrices, como el Código de los Piratas?

Como supongo que no es así, hay que tener claro que las obligaciones tienen un origen. En el caso del Estado, las leyes (en sentido amplio). En el caso de la relación laboral, la voluntad de las partes manifestada en el contrato, el convenio colectivo y la ley (el que mencione los usos y costumbres se lleva un guantazo). Y del mismo modo que ni el pago de impuestos ni las horas que echéis a la semana en vuestro puesto son un regalo al Estado o al empleador por ser tan estupendos, la prestación de servicios públicos y la remuneración pactada (entre otras muchas cosas) son una graciosa liberalidad por parte de estos.

Así pues, la autora o no entiende bien el concepto de deuda o no entiende bien el concepto de nada.

3. El trabajo llega trabajando. Yo comencé trabajando gratis, económicamente hablando. No es solo una forma de adquirir formación que no adquirirás en las aulas, es la mejor manera de hacer networking.

A vueltas con lo mismo. No existe un “trabajo gratis, económicamente hablando”. No digo que la autora no estuviera realizando una actividad, digo que si los frutos económicos de esa actividad aprovechan al empresario está obligado a pagarte por ello Y ENTONCES PODEMOS HABLAR DE “TRABAJO”. Hasta entonces podemos hablar de otra cosa, usted elige el nombre, pero no de trabajo.

¿Pero y si la formación que recibes tiene EXACTAMENTE el mismo valor que la prestación que realizas? ¿Podríamos hablar entonces de un tipo de pago en especie en la que se intercambia la prestación de servicios por la formación? Podríamos, por el puro placer de discutir, pero entonces no estaríamos ante un “trabajo gratis, económicamente hablando”, sino de que te pagan en formación lo mismo que te podrían pagar en cacahuetes porque pienses que la economía basada en el cacahuete está al caer y eres el único que lo ha visto venir. Que tampoco está permitido, ya que hablamos de ello, porque el salario en especie no puede superar el 30%, pero eh.

Por lo tanto no hay un trabajo gratis. Hay un trabajo que aprovecha al empresario, con un valor económico determinado y hay una formación impartida, que aprovecha al trabajador, con un valor igualmente determinado. Y podéis estar seguros que si el valor de la segunda superara a la primera os tocaría compensar la diferencia.

4. No se trata sólo de hacer un buen trabajo, se trata de hacerlo bien.

Creía que en “hacer un buen trabajo” va incluido necesariamente “hacerlo bien”. A lo mejor la autora está pensando en algún ejemplo teórico en plan “Dado un periodo infinito de tiempo, un montón de monos en máquinas de escribir acabarían escribiendo El Quijote, siempre que consideremos que tanto los monos como la tinta son igualmente infinitos”.

5. No hablo de como deberían de ser las cosas, hablo de como son.

Bien, esto no me lo puedo saltar, aunque sea de una forma más general y sin referirme al ejemplo concreto sobre la importancia de la apariencia de la mujer.

En mi modesta opinión, en pocos supuestos se puede separar qué son las cosas y cómo deberían ser sin adoptar con ello un posicionamiento ideológico (puedo aceptar que inconsciente, incluso). Y me estoy refiriendo a las montañas, principalmente. Considerar que ojalá las montañas fueran más susceptibles al cambio y al desplazamiento, y que no vendría mal que en vez de acabar en pico fueran totalmente cilíndricas apenas afecta al hecho de la montaña en sí.

En un caso opuesto, un poner como otro cualquiera: el origen divino del poder de los reyes. Aquí algunos podrían defender que la consideración coincidente de cómo deberían ser las cosas por parte de un número suficiente de personas puede llegar a variar un hecho en su momento contrastadísimo como es el origen divino del poder del rey. Incluso del mismo origen o conveniencia del poder del rey. Y hasta de la propia cabeza del rey y su unión al resto del cuerpo.

O sea, que en la medida de lo posible evitad referiros al contexto social o económico actual como el que describe el azul del cielo.

10. Tu primer trabajo no será el trabajo de tus sueños. Al principio, cualquier trabajo vale. Recuerdo que en segundo de carrera mis padres compraron un restaurante, nunca había servido mesas o limpiado cocinas industriales, pero ese año me pase gran parte del verano y los fines de semana limpiando y sirviendo. Estaba convencida de que no era el trabajo de mi vida, y tenía razón pero ese verano desarrolle mis aptitudes para el trato con el cliente, la paciencia, a trabajar en equipo, bajo estrés y en un entorno hostil. Ni más ni menos.

Claro ejemplo de la “Doctrina Botín”.

Siendo generosos, este es un consejo ligeramente mejor que “trabaja gratis”. No siéndolo, vaya puta mierda de consejo, también.

Que oye, aquí nadie dice que ayudar a tus padres en su nueva aventura hostelera no sea loable, ojo, pero casi daría por sentado que las facilidades de conciliación de la vida académica y profesional que le ofrecieron sus padres fueron notablemente mejores que las que podría haberle ofrecido cualquier otro empresario hostelero. Al fin y al cabo aparte del salario, que espero que le pagasen PORQUE EN CASO CONTRARIO NO ES TRABAJO, sus padres se estarían haciendo cargo a su vez, al menos en parte, de los gastos de la carrera y la manutención.

Como siempre, la utilización de los trabajos familiares, que salvo prueba en contrario no se consideran relación laboral (vaya, que tus padres te den de alta), constituye un recurso un tanto controvertido a la hora de dar lecciones sobre la experiencia laboral. Y en cualquier caso, pocos empleadores vas a encontrar más atentos a las necesidades y derechos del trabajador que tus padres, supongo. Espero. A lo mejor sus padres son unos monstruos y a eso se refiere con “un entorno hostil. Ni más ni menos“.

11. Al cual por cierto conocí un día que estaba trabajando gratis. Desde ese día no he estado más que un mes en paro en 10 años.

Y dale. Habría sido igual de exacto terminológicamente decir que lo había conocido mientras nadaba por el cielo. Igual de exacto pero más bonito. Haber dicho “haciendo cosas gratis”. O “paseando”. O “siendo explotada por una interpretación cada vez más ponzoñosa del capitalismo y la meritocracia que sólo favorece una creciente desigualdad entre clases al ir restringiendo el acceso a determinadas profesiones a quienes puedan prescindir de la remuneración como medio fundamental de vida durante los primeros años”. O “Abajo la casta, arriba Sagasta, vota censitario”.

Aparte, ¿durante ese único mes en el que estuvo en paro (ni siquiera trabajando en el restaurante familiar, claro, CON ESOS MONSTRUOS), habría consentido la autora que se refirieran a ella como “nini”? ¿Estudiaba? NO ¿Trabajaba? NO. NINI.

12 (1). Así que mi último gran consejo (2), para vosotras “ninis” es que os levantéis del sofá (3) y echéis currículo hasta para servir mesas(4). Tal vez a estas alturas ya hayáis descubierto que no sois demasiado buenas para ningún trabajo, pero si no os habéis dado cuenta(5), dedicarle (6) algo de tiempo a la idea.   Es cierto que en todo hay un componente de suerte. Curiosamente cuanto más “te lo trabajas” (7) más suerte tienes.

La traca final, con esto me despido:

  1. ¿Pero no eran 10?
  2. Desde luego es un gran consejo, en el sentido de que es una puta mierda de consejo aún mayor que las anteriores.
  3. Otra vez. Si son ninis de verdad, de pura cepa, no se van a levantar del sofá. Si son simplemente desempleadas sin más connotaciones que sugieran vagancia, no hace falta que les digas que se levanten del sofá. NO ESTÁS HABLANDO CON NADIE REAL.
  4. Si es en el restaurante recién comprado de vuestros padres, mejor que mejor.
  5. ¿De qué trabajo estará hablando? ¿Del de la pasión o del que simplemente te pagan?
  6. DEDICADLE. La mayoría ponemos las comas un poco al buen tuntún, la verdad. Las tildes hay que aspirar a ponerlas todas, pero mira, alguna se cuela. Pero los imperativos son como el Salario Mínimo Interprofesional en su función de suelo de la contratación: INNEGOCIABLES.
  7. No entiendo por qué pone las comillas en “te lo trabajas”.
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Responses

  1. Devastador!. Simplemente devastador!

  2. ¿Cómo puedes ser tan jodidamente lúcido y no escribir más?

    • La culpa se la reparten entre twitter y las oposiciones.

      Y lo de la lucidez… Tú, que me miras con buenos ojos 🙂


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